Teresa Estapé
Teresa Estapé

Oro, papel, diamante

Espacio

Una de las escenas más recordadas del film de Cameron Crowe, Jerry Maguire (1996), es una conversación telefónica entre Rob y Jerry (personajes interpretados por Cuba Gooding Jr. y Tom Cruise). En ella, Rob exige a Jerry que repita cada vez más alto “Show me the money!” y éste, en el desespero por no perderlo como cliente, le obedece. La artista Teresa Estapé se apropia de la frase, como veremos posteriormente, por lo significativo del reclamo. Lo interesante de la película es que se percibe el apogeo del capitalismo financiero en los noventa, en el que la sociedad, cada vez más, está presa de la dictadura del capital. Si bien la transformación del capitalismo industrial al financiero es anterior, esa década se caracteriza por la reafirmación de un sistema económico que aunque fallido, sale reforzado por la caída del bloque soviético entre otras crisis internacionales.

La práctica de Teresa Estapé (Barcelona, 1972) se expresa mediante dos disciplinas diferenciadas: la joyería y las artes visuales. En ambas, hay un interés constante por cuestionar el sentido del valor basado en la lógica del mercado. En Oro, papel, diamante compone una narrativa en la que los tres materiales se convierten en mercancías diferentes a las que el mercado nos ha acostumbrado. El oro, el papel y el diamante tienen la particularidad de ser elementos revalorizados cuyo valor económico es fluctuante. El uso del oro y el diamante en joyería ha tomado una dimensión que ha sobrepasado lo simbólico y lo ancestral para devenir objeto de deseo, lo que es lo mismo, de consumo, debido sobre todo a la “democracia del consumo” como apunta el teórico Yannis Stavrakakis. Sin embargo, el papel no es un elemento natural, sino que es un producto transformado, que no interesa en joyería pero sí ha adquirido un sobre valor al convertirlo en papel moneda o de seguridad.

Estapé toma estos tres elementos revalorizados para someterlos de nuevo a un proceso inverso, en este caso, el de desvalorización. Para ello, minimiza las propiedades más atractivas o sugerentes de los mismos. Al hacerlo, pone en crisis su propia condición de joyera, ya que lo relevante aquí es interpelar al público. De hecho, ya intuimos sus intenciones en la serie de joyería Unjewelry, en la que las joyas son el resultado de un proceso que las reduce a su mínima expresión, para retornar a la joya su esencia atávica, simbólica y emocional. La idea de no-joya se manifiesta en el proceso de creación en el que a modo de mínimas violencias, se deja a la joya a un paso de la desaparición o la ruptura. Por todo ello, las personas que las poseen adquieren un posicionamiento diferente a aquéllas que las compran para saciar su necesidad de consumir o alimentar su vanidad.

En Oro, papel, diamante se acentúan estas acciones desde el lenguaje artístico. En la piezas Diamante (2019) y Sin valor comercial (2019), se evidencia la voluntad de la artista por subvertir ciertas reglas en el trato de estos materiales considerados valiosos. A partir de alta temperatura y corriente de aire consigue “helar” una piedra “preciosa” para despojarla de su brillo y devolverla a su estado original de piedra. En Valor refugio II (2019), presentada anteriormente en el Goethe Institut y en la Kunst Haus (Viena), actúa con la misma finalidad. Para ello, camufla una plancha de oro (de 18 quilates) y la convierte en un folio DIN A4. La sucesión de folios, más la lámina de oro intervenida, recorren el espacio y sobre ellos se escribe sin tinta la frase, ya citada, “Show me the money”. Todavía hoy resuena este eslogan no superado, aunque no se manifiesta de la misma manera. Su presencia continúa bajo mecanismos más difíciles de identificar, más perversos y silenciados.

En un archivador situado junto a la instalación Valor refugio II, la artista recopila las facturas proforma que ella misma solicita a una empresa de venta de oro, semanalmente mientras dure la exposición, para conocer el precio de la cantidad necesaria de oro para realizar la plancha DIN A4 y su manufactura. De esta forma se puede comprobar la oscilación del precio y confirmar también la fragilidad de los valores refugio. Reafirmando, una vez más, que el valor se mide por lo cuantificable y no lo cualificable. Como dice el filósofo Brian Massumi, es hora de recuperar el valor, es demasiado valioso para dejarlo en manos del capital.

Zaida Trallero